Uno de los aspectos que no se discuten abiertamente respecto a las condiciones laborales en México tiene que ver con el desgaste físico y emocional de obreros y empleados, lo que repercute no sólo sobre su desempeño, sino sobre la relación que establecen con sus empleadores.
De 43 millones de personas que comprenden la población económicamente activa, menos de la mitad tiene empleo estable; de esa porción cada vez aumenta la de carácter precario. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha identificado en los centros laborales una modalidad de violencia relacionada con la amenaza de perder el empleo, que se asocia con la creciente competencia que enfrentan las empresas en el mercado global. Entre las formas de presión sobre los trabajadores destaca la exigencia de hacer frente a las nuevas tecnologías, el redimensionamiento y la relocalización de las empresas y la coerción que significa el surgimiento de plazas donde se pagan cada vez menores salarios, lo cual incide sobre la precarización del empleo.
"El estrés y las distintas formas de violencia que se advierten en los centros de trabajo cuestan a la comunidad mundial 3.5 por ciento del producto que se genera. Si a esto se suma el incremento en el uso de alcohol y drogas como forma de afrontar el estrés, el panorama es bastante sombrío", afirmó Valentina Forastieri, gerente de Medicina Laboral de la OIT en América Latina.
"Las mujeres se encuentran en condiciones de mayor precariedad, ya sea en el empleo formal o informal", agrega. De esta manera la salud y el derecho a un trabajo digno en un país como México aún están muy lejos de la vida de la mayor parte de los trabajadores.
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